Entre 1966 y 1969, un grupo de familias llegรณ a un terreno baldรญo en La Cisterna โhoy El Bosqueโ con un sueรฑo comรบn: un lugar donde vivir. Lo que encontraron fue un โpeladeroโ, sin luz, sin agua, solo alambre de pรบa marcando los futuros sitios. Pero en ese vacรญo naciรณ una de las historias mรกs potentes de autogestiรณn y solidaridad que ha dado Santiago.
Berta Ayala, dirigenta clave, organizรณ a vecinos del paradero 22 de Santa Rosa. Llegaron con comitรฉs. El agua se sacaba de grifos comunitarios en la Poblaciรณn Frei; la luz, con velas y chonchones. Cada casa se levantรณ con esfuerzo propio, ladrillo a ladrillo, pozo sรฉptico a pozo sรฉptico. La comunidad se hizo fuerte en la necesidad.
En los aรฑos mรกs duros, con la dictadura instalada, la Poblaciรณn Guatemala no se quebrรณ. Las ollas comunes alimentaron cuerpos y esperanzas. La iglesia naciรณ bajo una carpa de circo โโยฟdรณnde estรก el leรณn?โ, bromeabanโ y despuรฉs, con la campaรฑa del ladrillo, levantaron la capilla Monseรฑor Enrique Alvear. La escuela Dagoberto Godoy fue otra conquista colectiva.
Hubo clubes deportivos โDeportes Guatemala y Los Pumasโ, reinas de la primavera, circos con elefantes en los terrenos vacรญos. Tambiรฉn hubo miedo: allanamientos, colas de madrugada por pan, vecinos que salรญan de noche a compartir lo poco que tenรญan. Pero el โsaludo vecinalโ nunca se perdiรณ.
Hoy, la poblaciรณn sigue siendo un espacio sencillo, amable y solidario. Las rejas llegaron, el ritmo se acelerรณ, pero el legado de los fundadores persiste: un barrio hecho con las manos, el sudor y la convicciรณn de que juntos todo es posible.
Esta no es solo una historia del pasado. Es una memoria viva, un recordatorio de que la dignidad se construye en comunidad.










