Uno de los grandes desafíos que la modernidad dejó a la ciudad de Santiago, fue avanzar en su conectividad, tras la constante expansión demográfica y habitacional vivida en la región metropolitana durante la segunda mitad del siglo XX.

Así fue como los antiguos recorridos de micros y liebres, nacidos a fines de los setenta para conectar a las comunidades, se transformaron en una fuente inagotable de iconografía y tipografías populares.

Luis Arturo Navarro Barrera, vecino de calle Los Sauces y antiguo inspector de “garita” de las recordadas Villa Cisterna – Mapocho, fue uno de los protagonistas de este proceso, al pintar gran parte de los carteles ruteros de sus recorridos, a los que se sumaron “pinchadores” de colectivos que llegaban a una naciente red de Metro, y numerosos carteles de almacenes, pizarras de verdulerías y fachadas de negocios de barrio, con un trazo popular, alegre y por, sobre todo, bosquino, que luego hizo la transición hacia las micros amarillas con un rasgo particular y reconocible.

“Esta muestra es parte de su trabajo de más de 35 años, donde con humildad y respeto, como municipio, rescatamos gran parte de su trabajo tipográfico presente en nuestros barrios, como un homenaje a un pintor de lo cotidiano, al servicio de nuestra comuna y su gente”, indicó el alcalde Sadi Melo Moya, en la inauguración de la muestra, a la que asistieron antiguos choferes de la línea “Villa Cisterna Mapocho”, vecinos de la población Santa Elena, y estudiantes de los liceos municipales bosquinos Ciudad de Lyon, y Mario Arce Gatica.

 

35 años pintando carteles

 

Luis Arturo Navarro Barrera, nació en Yungay un 12 julio de 1950. Llegó a Santiago en 1970, y durante 35 años ha desarrollado con un talento innato, el oficio de pintor de carteles populares. Conocido como “LAN” por la firma de sus prolijos trabajos, fue un pionero del letrero de transporte público en los ochenta en la zona sur de Santiago, talento que consolidó con la llegada de las micros amarillas, durante los noventa.

“Yo era inspector de garita, para despachar micros de la empresa Villa Cisterna – Mapocho. Pero para una pascua quedé sin trabajo, y comencé a pintar pizarras de precios, y carteles para almacenes acá en el barrio. Como vi que me quedaban bien, volví al terminal de la Villa Cisterna – Mapocho, pero para pintar carteles pinchadores en cholguán y acrílico”, recuerda Luis Navarro sus inicios. Rápidamente, su trabajo comenzó a replicarse en otros medios de transporte, como los colectivos, y en locales comerciales como ferreterías, carnicerías y peluquerías, entre otros.

“Para mala suerte de nosotros los pintores, llegó el Transantiago y quedé sin pega. Por eso empecé a trabajar de lleno en el pintado de letreros. No quiero que este oficio se termine, si bien mis hijos en un momento me ayudaron ninguno siguió esto y creo que uno puede vivir de esto porque es un trabajo que apasiona”, sincera LAN, mientras unta su pincel de naranjo, para continuar con un encargo. Su vasta experiencia lo hace pintar sin guías previas -tengo las medidas de cada letra aquí- mientras con la otra mano indica su cabeza.

Hoy, los almacenes y locales comerciales bosquinos de diversos rubros reconocen y piden sus servicios, para pintar letreros, murallas y fachadas. “No cobro caro por la sencilla razón que es la misma gente que se pasa el dato y así nunca me ha faltado trabajo”, afirma con alegría LAN.

 

 

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