🪻 Hacia el año 1983, se estimaba que en Santiago existían 152.046 familias allegadas, de las cuales un 23 % correspondía a madres solteras. En este escenario, la Coordinadora Metropolitana de Pobladores lideraba los comités de vivienda más relevantes de la época, agrupando a familias de todo el Gran Santiago.
Paralelamente, los comités avanzaban de forma autónoma promoviendo el diálogo con el Ministerio de Vivienda y las municipalidades de La Cisterna, La Granja y San Miguel. El objetivo era urgente: hallar una solución a la emergencia habitacional, agravada por condiciones de vida críticas marcadas por el hacinamiento, la cesantía y la pobreza.
Esa presión social estalló el 22 de septiembre de 1983. Miles de personas se movilizaron para ocupar un terreno baldío delimitado por los canales Lo Blanco y San Francisco. Provenían de poblaciones como San Rafael, Pablo de Rokha, José María Caro, Lo Sierra, Santa Adriana, Los Acacios, Nuevo Amanecer y San Ricardo. Así nació el Campamento Juan Francisco Fresno (entonces La Cisterna, hoy El Bosque).
«Yo sabía una semana antes que iba a haber una toma, pero no allá [en la toma Silva Henríquez]; la toma que se hacía era acá en Fresno, en San Francisco con Lo Blanco. Se buscaba como punto estratégico porque era más difícil la llegada de Carabineros; uno podía defenderse mejor por los canales y las zarzamoras que existían. Era muy difícil meterse a la primera», recordaría un poblador años más tarde.
En medio de la ocupación, muchos escaparon de la represión policial siguiendo el camino de Lo Blanco hasta las cercanías de avenida Santa Rosa. Horas después, conformarían el Campamento Raúl Silva Henríquez, un sitio marcado por una violencia brutal, pero que, pese a todo, se erigió como la toma más grande en la historia de Chile.









