Segunda entrega de nuestra serie sobre la historia y el valor patrimonial del Camino Los Morros. En 1541, el valle entró a la historia escrita. Pero el camino ya estaba allí.
Con la fundación de Santiago, el territorio no dejó de ser lo que era, pero comenzó a ser mirado con otros ojos. Lo que antes funcionaba como un corredor natural y de intercambio pasó a ser registrado, nombrado y ordenado bajo la lógica colonial. Desde entonces, los caminos dejaron de ser simples trayectos recorridos para convertirse en instrumentos de administración, control y proyección del poder.

📜 Un territorio ya habitado

La Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile (1558), de Jerónimo de Vivar —nacido en Burgos hacia 1524 y llegado a Chile en 1548—, nos permite asomarnos a ese momento fundacional. Su relato no describe un espacio vacío, sino un valle ya habitado, cultivado y surcado por rutas previas. Este matiz es fundamental: el sur de Santiago no nació con la conquista; fue reinterpretado por ella.

🛤️ De la Cañada al cruce de Los Morros

Desde el trazado original de la ciudad, la salida hacia el sur se articuló por La Cañada y luego por la actual calle San Diego, enlazando con el llamado Camino de la Frontera o de la Polvareda. Una de sus variantes para cruzar el río Maipo se ubicaba precisamente en el sector de Los Morros, lo que confirma la antigüedad y la relevancia estratégica de este corredor en la red de comunicaciones colonial.

🌍 Huellas prehispánicas bajo el asfalto actual

Mucho antes de la llegada de los incas y los españoles, las comunidades originarias ya trazaban sendas que articulaban el valle. El Imperio Inca, posteriormente, integró y potenció esa red a través del Qhapaq Ñan. El Camino Los Morros es heredero directo de esa lógica vial ancestral.
Hoy, bajo el nombre de Avenida Padre Hurtado, atraviesa cinco comunas del sur metropolitano y sigue conservando, bajo el asfalto y el trazado moderno, la memoria de un trayecto mucho más antiguo que la propia ciudad.
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