En Luis Barros Borgoño 932, Población O’Higgins, El Bosque, aún resuenan los ecos del Cine Loa, un cine de barrio que proyectó mucho más que películas: proyectó comunidad.
Fundado en los años 50 por don Manuel Ballesteros, calameño, quien bautizó el cine en honor al río Loa, símbolo de vida en el norte. Llegó a Santiago con la experiencia de un almacén y el recuerdo del cine popular del desierto.
En sus primeras décadas, el Loa fue epicentro de encuentro vecinal para la población O’Higgins y barrios cercanos. Las funciones de películas mexicanas, los seriales semanales que dejaban en suspenso al público, y los enmascarados como El Santo y Blue Demon, marcaron la infancia de generaciones. Muchos vecinos aún recuerdan a la señora del pescado frito, servido en papel de diario, o el famoso parlante comunitario, que anunciaba funciones y colectas, y se escuchaba hasta el paradero 25.
El afiche de cartelera, pintado a mano con letra gótica, se instalaba en Gran Avenida y era parte del ritual. Cada Semana Santa, se proyectaba La Pasión del Señor, una tradición que unía fe y cine.
Con la llegada del televisor y el VHS en los 80, el Loa se transformó en sala de eventos y mueblería, pero no dejó de ser un espacio cultural. Ahí tocaron La tía Pucherito, Los Miserables, Fiskales Ad-Hok y otros grupos que siguieron dándole vida al lugar.
Hoy, Alejandro Ballesteros, hijo menor del fundador, sueña con convertir el lugar en un Museo del Cine de Barrio, para preservar la memoria de quienes crecieron entre proyectores, frazadas, dulcería y aplausos.
El Cine Loa no fue solo un lugar. Fue un tiempo compartido, una comunidad soñando junta.
📍 Luis Barros Borgoño 932, población O’Higgins, El Bosque.
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