Junto con negociar la erradicación de las tomas, el régimen dictatorial infiltró agentes para desestabilizar la estructura orgánica de los pobladores, buscando quebrar la escasa tranquilidad vivida durante los meses posteriores a la ocupación del terreno.
A pesar de la presión, los habitantes alcanzaron un nivel de organización extraordinario. Lograron implementar su propia posta para entregar salud primaria, establecieron una comandancia de bomberos, organizaron guardias populares y, finalmente, construyeron una escuela para los más pequeños.
El reconocimiento de ambas tomas creció significativamente, consolidándose como una realidad innegable para el mundo político al evidenciar la crítica escasez de vivienda en el país. Según la carta de la Coordinadora Metropolitana de Pobladores, eran:
«Un total de 31.595 pobladores; quienes siguiendo la tradición histórica, que dio origen a las poblaciones populares de Santiago, hicieron las tomas de terreno más grandes de todos los tiempos en la historia del movimiento poblacional, configurándose a la vez como el hecho político de mayor relevancia en dictadura».
En noviembre de 1984, la toma Silva Henríquez sufrió constantes allanamientos por parte de las fuerzas policiales, que buscaban desarticular su tejido social mediante la violencia y la represión sistemática. Estos golpes fracturaron el espíritu de algunas familias que, ante la crudeza del presente, aceptaron la erradicación.
Así, en agosto de 1985, muchas familias partieron desde el campamento hacia la Población El Almendro II. Llegaron con el corazón apretado a un terreno baldío, sin soluciones habitacionales inmediatas, pero con una certeza inamovible: la tierra que pisaban era suya y nadie tenía el derecho de arrebatársela.
Años más tarde, el Campamento Fresno fue erradicado, dando origen a la población Santa Ana en San Bernardo. No obstante, sobre el suelo que alguna vez habitaron, se inauguró en marzo de 1992 la Villa El Cardenal, un nombre que hoy susurra la historia de miles que, con coraje y dignidad, defendieron su derecho a existir y a tener un hogar digno.
Este legado de lucha y organización es parte fundamental de la identidad de nuestra comuna.
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